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Protocolo kioto

El Protocolo de Kioto sobre el cambio climático es un acuerdo internacional que tiene por objetivo reducir las emisiones de seis gases que causan el calentamiento global: dióxido de carbono (CO2), gas metano (CH4) y óxido nitroso (N2O), además de tres gases industriales fluorados: Hidrofluorocarbonos (HFC), Perfluorocarbonos (PFC) y Hexafluoruro de azufre (SF6), en un porcentaje aproximado de al menos un 5%, dentro del periodo que va desde el año 2008 al 2012, en comparación a las emisiones al año 1990. Por ejemplo, si la contaminación de estos gases en el año 1990 alcanzaba el 100%, al término del año 2012 deberá ser al menos del 95%. Es preciso señalar que esto no significa que cada país deba reducir sus emisiones de gases regulados en un 5% como mínimo, sino que este es un porcentaje a nivel global y, por el contrario, cada país obligado por Kioto tiene sus propios porcentajes de emisión que debe disminuir.

Las llamadas Partes (miembros de la CMNUCC) se reunieron por primera vez para su seguimiento en Montreal, Canadá, en 2005, donde se estableció el llamado Grupo de Trabajo Especial sobre los Futuros Compromisos de las Partes del Anexo I en el marco del Protocolo de Kioto (GTE-PK), orientado a los acuerdos a tomar para después de 2012.
En diciembre de 2007, en Bali, Indonesia, se llevó a cabo la tercera reunión de seguimiento, así como la 13ª cumbre del clima (CdP 13 o COP13), con el foco puesto en las cuestiones post 2012. Se llegó a un acuerdo sobre un proceso de dos años, u “hoja de ruta de Bali”, que tiene como objetivo establecer un régimen post 2012 en la XV Conferencia sobre Cambio Climático, (también “15ª cumbre del clima”, CdP 15 o COP15) de diciembre de 2009, en Copenhague, Dinamarca.
Esa “hoja de ruta” se complementa con el Plan de Acción de Bali, que identifica cuatro elementos clave: mitigación, adaptación, finanzas y tecnología. El Plan también contiene una lista no exhaustiva de cuestiones que deberán ser consideradas en cada una de estas áreas y pide el tratamiento de “una visión compartida para la cooperación a largo plazo”.

El instrumento se encuentra dentro del marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), suscrita en 1992 dentro de lo que se conoció como la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro. El protocolo vino a dar fuerza vinculante a lo que en ese entonces no pudo hacer la CMNUCC.

Se llama sucesión ecológica (también conocida como sucesión natural) a la evolución que de manera natural se produce en un ecosistema por su propia dinámica interna. El término alude a que su aspecto esencial es la sustitución a lo largo del tiempo de unas especies por otras.
La sucesión ecológica se pone en marcha cuando una causa natural o antropogénica (ligada a la intervención humana) despeja un espacio de las comunidades biológicas presentes en él o las altera gravemente. Las causas naturales que pueden generar esta situación son muy variadas, e incluyen corrimientos de tierra, laeres, aludes, erupciones volcánicas explosivas, etc.
Se llama sucesión primaria a la que arranca en un terreno desnudo, exento de vida, y sucesión secundaria a la que se produce después de una perturbación importante. Los incendios espontáneos, por ejemplo, reinician la sucesión, pero a partir de condiciones especiales, en las que suelen ocupar un lugar especies muy adaptadas a este tipo de perturbaciones, como las plantas que por ellos llamamos pirófitas.

La sucesión es un proceso desordenado de organización de un sistema que no es complejo, un biotopo, con ciertos niveles de homeostasis y homeorresis. Las etapas se pueden categorizar en:
Etapas iniciales o de constitución. Dominadas por especies conocidas como pioneras y oportunistas, desde el punto de vista de sus requerimientos ecológicos, y con una estrategia reproductiva basada en la producción de muchos descendientes de vida corta, como las gramíneas (estrategia de la r).
Etapas intermedias, o de maduración.
Etapas finales, que concluyen cuando se alcanza el climax. Caracterizada por especies especialistas, en cuanto al uso de recursos, con baja tasa de reproducción y larga vida, como el roble.

La sucesión y la evolución tienen tiempos distintos. La sustitución evolutiva de las especies requiere cientos de miles de años, mientras que la sucesión se completa en cientos de años. Pero ambos procesos tienden a favorecer la sucesión de especies generalistas por otras especializadas; en general, tienden a producir un aumento de complejidad. El proceso evolutivo se desarrolla dentro de la corriente de autoorganización de los sistemas ecológicos, que llamamos sucesión, y eso ayuda a explicar su tendencia a producir formas cada vez más complejas y especializadas.

Las grandes subdivisiones de la biosfera
La cualidad más relevante del ecosistema estriba en su independencia energética, su autarquía, ya que se conjugan en el marco de esta categoría ecológica todos los eslabones necesarios para constituir un ciclo energético completo. El ecosistema viene a ocupar entre todas las categorías de organismos ecológicos un lugar principal porque representa la unidad de convivencia energéticamente autárquica más pequeña. Por debajo de este lugar en el escalafón no se encuentran, en consecuencia, combinaciones de organismos y ambientes capacitadas para desarrollar un ciclo completo de transferencias energéticas. Sin embargo es posible construir, en un plano abstracto, unidades ecológicas superiores de mayor cuantía. Es así como se agrupan todos los ecosistemas de estructura y organización semejante bajo el concepto de “bioma”, término propuesto por el ecólogo vegetal norteamericano Clements en 1916.
Un bioma es una comunidad de plantas y animales con formas de vida y condiciones ambientales similares e incluye varias comunidades y estados de desarrollo. Se nombra por el tipo dominante de vegetación; sin embargo, el complejo biológico designado bajo el término de bioma engloba también al conjunto de organismos consumidores y detritívoros del ecosistema. El conjunto de todos los biomas viene a integrar por último la biosfera.
Los biomas no se distribuyen en forma aleatoria sino, por el contrario, con una cierta regularidad tanto en el plano horizontal (o mejor dicho, en latitud) como en el vertical (altitud).
Distribución según la latitud
Biomas terrestres
La distribución de los grandes biomas terrestres según la latitud está primeramente condicionada por la de los climas; los restantes factores abióticos intervienen ya en mucha menor cuantía.
Si caminamos del ecuador a los polos, podremos observar una cierta simetría en el gradiente de biomas atravesados en cada uno de los dos hemisferios.
Los bosque pluviales tropicales o selvas alcanzan su máxima extensión en el ecuador y forman una banda casi contínua dentro de la zona intertropical. Son las regiones de la biosfera que reciben la máxima cantidad de insolación; además el flujo solar es prácticamente constante a lo largo del año. Las precipitaciones que recibe la selva tropical son superiores a 1,500 mm. Estos bosques están caracterizados por la predominancia de árboles gigantes con hojas de gran superficie. También las lianas (plantas trepadoras) y epifitas que crecen sobre troncos y ramas constituyen grupos dominantes y típicos de estos ecosistemas.
Ningún otro ecosistema terrestre alberga una cantidad de biomasa tan elevada como la selva tropical. Tanto la densidad de materia viva como la diversidad de especies son máximas en comparación con el resto de los biomas terrestres. El bosque pluvial tropical alcanza su máxima extensión en una zona comprendida entre los 10º de latitud N y S.
Si nos alejamos fuera de estos límites, la pluviometría se reduce rápidamente dando lugar a la aparición de estepas – llamadas sabanas en África y América –, que aunque en principio incluyen un estrato arbóreo abierto, van haciéndose cada vez más pobres en plantas leñosas a medida que nos apartamos del ecuador. En las sabanas, el estrato herbáceo de este bioma está formado por gramíneas que alcanzan a veces más de un metro de altura. En África, la abundancia de las herbáceas durante la estación húmeda permite la multiplicación de los ungulados de gran tamaño: cebras, búfalos, antílopes, gacelas y otros herbívoros. La biomasa de los mamíferos llega a alcanzar valores inigualables: en ninguna región del mundo aparece espontáneamente tal concentración de grandes mamíferos.
Los desiertos, cuya extensión máxima se establece al nivel de los trópicos, suceden a la sabana sin transición neta. Vienen caracterizados por las mínimas precipitaciones que reciben, inferiores a los 200 milímetros/año, y por el elevado grado de aridez, tanto más grande cuanto menores y más irregulares son las lluvias: en las zonas hiperáridas de la biosfera llega a haber más de doce meses seguidos sin agua. La cubierta vegetal es escasísima y está constituida por plantas vivaces leñosas y xerófilas o por anuales de período vegetativo muy corto. Las partes subterráneas de estos vegetales están muy desarrolladas como adaptación a la extrema sequía y a la poca variación de temperatura. La biomasa es, por consiguiente, muy pequeña, igual o inferior a unas 20 toneladas/hectárea, y pobre la diversidad de especies.
Más allá de los 30º de latitud la pluviometría vuelve de nuevo a ascender, de forma que las comunidades se diversifican y su biomasa vuelve otra vez a ser considerable.
Los ecosistemas mediterráneos, muy variados y complejos, corresponden a zonas templado-cálidas caracterizadas por un período más o menos largo (que supera en ocasiones los cuatro meses) de sequía estival. Las precipitaciones, a menudo torrenciales, se distribuyen principalmente durante los equinoccios de primavera y otoño. Aparecen estos biomas en ambos hemisferios entre los 30º y 50º de latitud, principalmente en torno al mar Mediterráneo, desde Marruecos y la Península Ibérica hasta el Cáucaso, pero también en otras regiones del mundo como Australia, Chile y en el Oeste de Estados Unidos.
Las formaciones potenciales de estos ecosistemas son los bosques esclerófilos (con dominancia de especies vegetales con hojas perennes duras y gruesas como los géneros Quercus y Eucalyptus), aunque en algunas ocasiones lo son de bosques perennifolios de coníferas. El hombre ha favorecido esta última formación ampliando notablemente los pinares en la región mediterránea. Cuando el bosque esclerófilo se degrada se transforma generalmente en formaciones arbustivas (chaparrales, maquis o garrigas) de carácter xeromorfo.
Las regiones templadas, situadas en latitudes medias, están ocupadas fundamentalmente por dos biomas. En primer lugar, en aquellas regiones con abundante pluviometría los inmensos ecosistemas forestales que allí se establecen están caracterizados por la presencia de especies de hoja caduca .
Este bioma de los bosques caducifolios templados cubría antiguamente toda la Europa templada (incluso la parte meridional de Escandinavia) desde el Atlántico hasta la vertiente siberiana del Ural, China septentrional y central y las regiones del continente norteamericano situadas al este desde el meridiano 100 hasta la latitud de Saint-Laurent. Estos ecosistemas son, por el contrario, casi inexistentes en el hemisferio sur (salvo en Australia y Nueva Zelanda), debido a la escasez de tierras emergidas más allá del paralelo 40º S.
En Europa este bioma está representado por bosques de robles y hayas, según las variaciones locales en humedad atmosférica, dentro de los que se encuentran otras especies menos abundantes como tilos y arces. El bosque caducifolio templado, de diversidad de especies bastante elevada, posee una clara estratificación arbustiva y herbácea. Las especies que componen estos estratos poseen cortos períodos vegetativos y están adaptadas a las particulares condiciones del subsuelo del bosque que permanece sometido a una intensa penumbra desde el comienzo de la estación cálida por la rápida e intensa entrada en foliación de las especies arbóreas.
El bosque caducifolio templado alberga una importante biomasa que, no obstante, es inferior a la de los biomas tropicales. El robledal puede llegar a tener más de 400 toneladas en materia viva por hectárea, mientras que la selva tropical supera las 500 toneladas/hectárea.
En las zonas templadas en que las precipitaciones son insuficientes para permitir el desarrollo de los árboles, en lugar de bosques aparecen enormes estepas, muy frecuentes en el hemisferio boreal. La «pradera» norteamericana es un buen ejemplo de este bioma, caracterizado por la predominancia del estrato herbáceo de gramíneas.
Los suelos de las estepas presentan grandes diferencias con los de los bosques templados establecidos en análogas latitudes y sobre unos mismos substratos geológicos. Son mucho más ricos en humus que los suelos forestales equivalentes; en efecto, por causa de la brevedad del ciclo vegetativo de las plantas herbáceas, se produce una importante acumulación de materia orgánica, de tal forma que la humificación es más fuerte que la mineralización. Además, y en razón del clima, la evaporación es superior a la pluviometría, lo que se traduce en una ausencia de lixiviación y en una acumulación de sales minerales – particularmente de calcio y potasio – en las capas superficiales. No es raro por consiguiente, que ciertos suelos de estepa como los chernozem (tierras negras de Europa oriental Y América del Norte) figuren entre los más fértiles del globo.
Las estepas de las zonas templadas, antaño pobladas por grandes herbívoros, han sido desde hace mucho tiempo utilizadas por el hombre para el pastoreo o para el cultivo de cereales en aquellas zonas en las que la pluviometría lo hacía posible. La sobreexplotación de estas regiones estépicas ha conducido hacia la degradación irreversible de estos ecosistemas y a su transformación en desiertos.
La taiga o bosque boreal (subárctico) de coníferas es uno de los más importantes biomas del hemisferio norte. Cubre el escudo siberocanadiense a lo largo de una docena de millones de kilómetros cuadrados, extendiéndose aproximadamente entre los 45º y 57º de latitud norte. No obstante, sobrepasa localmente el círculo polar en Alaska, en Siberia y en Escandinavia.
El bosque boreal de coníferas se establece en unas regiones en las que las precipitaciones son bastante débiles (entre 400 y 700 mm), pero distribuidas a lo largo de todo el año, con un máximo estival. A causa de las condiciones climatológicas y de la cubierta vegetal, los suelos boreales, en permanente lixiviación, son de pH ácido y pobres en cationes, sobre todo en los horizontes superiores del suelo, en los que se acumula la materia orgánica. La diversidad de especies de este bioma es bastante reducida y su biomasa, inferior a la de otros sistemas forestales, aunque no obstante alcanza las 250 toneladas/hectárea.
La tundra es el bioma que ocupa las regiones comprendidas entre el límite natural de los árboles hacia los polos y las zonas parabiosféricas árcticas y antárcticas. Su distribución es casi enteramente boreal por causa de la ya comentada escasez de tierras emergentes entre el paralelo 45 y la Antártida, en el hemisferio austral. Ocupa sobre todo territorios situados más allá del círculo polar en el antiguo continente, pero desciende por bajo de los 60º N en Alaska y Labrador.
La tundra está formada por un mosaico de ecosistemas cuya composición botánica está condicionada por factores edáficos y climáticos. La brevedad de la estación vegetativa (sesenta días de media) y la parquedad de las temperaturas estivales (siempre por debajo de 10º C) constituyen sus principales factores limitantes. A causa de la gran duración del período invernal y del rigor de las temperaturas, el suelo de la tundra (permafrost) está helado permanentemente en profundidad, sólo unos cuantos decímetros de las capas superficiales pueden deshelarse durante el exiguo verano. Esta estructura y génesis edáfica impide el drenaje de las aguas superficiales y origina formaciones particulares de estas regiones árcticas como los suelos poligonales.
La composición florística de los ecosistemas es poco diversificada, y varía localmente según la latitud, las precipitaciones y otros factores ecológicos. Las plantas arbustivas (brezos, sauces y abedules enanos) aparecen en las zonas menos septentrionales y frías. En otras situaciones son plantas herbáceas – gramíneas y Carex principalmente – y criptógamas – como los líquenes del género Cladonia – los que se establecen y sirven de alimento a los herbívoros (renos y caribús). La biomasa es pequeña, del orden de 30 toneladas/hectárea, es decir apenas superior a la de los desiertos. Como en éstos últimos, aunque por causas climatológicas muy distintas, el estrato subterráneo es muy importante.
Biomas marinos
A pesar de que la zonación en latitud de los biomas se presenta como algo claramente definido cuando se estudia su distribución sobre la superficie de los continentes e islas, no ocurre lo mismo con lo que respecta al estudio de la hidrosfera.
A causa de la isotropía del medio acuático, los factores físico-químicos varían mucho menos y de forma más lenta que en el medio terrestre. Los fenómenos de convección y difusión de sustancias solubles, junto con las corrientes marinas, aseguran una cierta uniformización de los factores abióticos, lo que limita el número de hábitats posibles y hace difícil la distinción de biomas. Los oceanógrafos no utilizan desde luego este término. Las variaciones climáticas tienen menor amplitud en la hidrosfera que en los ecosistemas terrestres, lo que también hace aleatoria la existencia de una zonación neta en latitud de las biomasas de las diversas comunidades oceánicas.
Tan sólo algunas biocenosis presentan zonación latitudinal. Este es el caso de los arrecifes de coral para cuyo desarrollo se necesitan temperaturas altas en el agua, superiores a los 20º C, lo que justifica la estricta localización de las madréporas en la zona intertropical. También las biocenosis circumpolares están localizadas en latitud y caracterizadas por especies adaptadas a las aguas frías.
Realmente, al mismo nivel que la luminosidad y más todavía que el de la temperatura, la concentración en fosfatos y nitratos del agua marina, constituyen un factor limitante primordial para el desarrollo de las biocenosis oceánicas. Esto ocurre también en los ecosistemas lacustres: estanques, lagos, etc. El papel esencial que estos elementos minerales juegan puede intiurse sin más que citar el suceso, aparentemente paradójico, de que los mares árcticos y antárcticos, a pesar de sus bajas temperaturas, tienen las biomasas más elevadas entre las que pueden encontrarse en la hidrosfera. La explicación es bien simple: la fusión del hielo en primavera engendra corrientes de superficie que provocan indirectamente la ascensión de aguas profundas cargadas de bioelementos. Como resultado inmediato se produce una increíble proliferación fitoplanctónica desde los primeros momentos de la estación favorable, y junto con ella la aparición de numerosos vertebrados e invertebrados atraídos por las óptimas condiciones creadas para su nutrición.
En términos generales, las mayores concentraciones de materia viva y las biocenosis más ricas se encuentran al nivel de la plataforma continental cualquiera que sea su latitud. Estas zonas están siempre próximas a la desembocadura de los ríos que descargan en ellas los nutrientes y sedimentos extraídos y transportados, lo que implica un importante flujo de fósforo y nitrógeno. Por eso no es sorprendente el que los estuarios y marismas se encuentren, junto con las aguas litorales polares y los arrecifes de coral, entre las regiones oceánicas de mayor biomasa.
Por el contrario, las aguas azules tropicales, muy pobres en bioelementos, son casi desérticas y albergan una débil biomasa, a pesar de la considerable diversidad de sus biocenosis.
Zonación en altitud
En función de la altitud, la zonación de la biosfera está todavía más definida que en latitud. Desde el fondo de las profundidades oceánicas hasta la cima de las más altas montañas, presenta una sucesión de medios muy diferentes.
El dominio oceánico se extiende desde las fosas más profundas (aproximadamente 11,000 m) hasta la cota 0 (superficie de los mares). La profundidad media es de 3,800 metros. La existencia de una plataforma continental, delimitada por una brusca ruptura de la pendiente (talud continental) situada hacia los -200 metros permite distinguir: una provincia nerítica, con concentraciones en bioelementos muy variables según los aportes fluviales y otros factores, y una provincia oceánica, más alejada de las costas, con aguas de gran constancia fisioquímica y con profundidades por encima de los 200 metros. Esta última ocupa una superficie igual a los 9/10 de la oceánica total.
Más importante es todavía la distinción entre zonas eufótica y disfótica:
La zona eufótica corresponde a la región en la que penetra la luz y en la que por consiguiente es posible la fotosíntesis. Todos los organismos autótrofos (algas y fitoplancton) se concentran en estas aguas que no sobrepasan generalmente los 100 metros de profundidad, tanto en los océanos como en los lagos continentales más transparentes. Tan sólo pues una pequeña capa superficial es responsable de toda la producción primaria del medio acuático.
La zona disfótica, que se extiende por debajo de los 100 metros está caracterizada por una permanente oscuridad y desprovista por tanto de organismos autótrofos. Los heterótrofos – principalmente invertebrados – se nutren a expensas de la materia orgánica sintetizada por los productores de las capas superficiales, que alcanza estas profundidades en forma de cadáveres y restos de la excreción de los organismos de la zona eufótica, en perpetua sedimentación hacia los fondos abisales.
La zonación vertical de las biocenosis terrestres aparece muy netamente en las regiones continentales de relieve acusado. Desde muchos puntos de vista, la distribución en altitud de las comunidades ecológicas es muy parecida a la distribución latitudinal de los principales biomas. La extensión vertical máxima de la biosfera se alcanza en las regiones ecuatoriales y disminuye progresivamente hasta el nivel del mar en las zonas polares.
El límite superior de los vegetales fotosintéticos está situado entorno a los 6,000 metros de altitud. Por encima de este nival entramos en la región de nieves eternas. Para los humanos, el límite superior de su hábitat se sitúa en la región de las praderas alpinas, a 5,200 metros de altura (en los Andes). La pradera alpina es una tundra de montaña, desprovista de árboles; está ocupada por hierbas o sufrútices (=plantas semejantes a arbustos, generalmente pequeñas y solo lignificadas en la base) de porte almohadillado. Las especies vegetales que allí se establecen están adaptadas a las particulares condiciones climáticas reinantes (gran insolación, variaciones térmicas de marcada amplitud, menor presión atmosférica, etc.).
El límite superior de los bosques se encuentra a 4,500 metros, aunque realmente éstos raramente superan los 4,000 metros, incluso en las regiones ecuatoriales. La actividad agrícola tampoco es posible por encima de los 4,500 metros, ni siquiera en las zonas tropicales. La altitud media de los continentes – 875 m – corresponde pues con la zona de desarrollo óptimo de bosques, praderas y cultivos, ecosistemas éstos de importancia relativa en función de la región considerada.

El piélago es la parte del océano que está sobre la zona pelágica, o sea, la columna de agua del océano que no está sobre la plataforma continental. Los organismos que habitan esta área se denominan pelágicos.
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En los ecosistemas marinos y lacustres la zona fótica es aquella en la que penetra la luz del sol. Su profundidad es muy variable en función de la turbidez.
Se llama profundidad eufótica o nivel eufótico a la profundidad en la que la intensidad de la luz queda reducida a un 1% de la que ha penetrado la superficie, el límite por debajo del cual no queda lugar para la fotosíntesis. Algo de luz puede registrarse hasta 700 o más metros de profundidad, pero el límite de la zona eufótica, con luz suficiente para que haya algo de fotosíntesis, puede situarse a sólo unos decímetros, en aguas muy turbias de ríos y pantanos, o acercarse a los 200 m, que es el valor típico en las regiones tropicales de los océanos, de aguas muy transparentes.

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La zona afótica se define como la zona, tanto oceánica como lacustre, en la que no es posible el desarrollo de procesos fotosintéticos, ya que menos del 1% de la luz solar penetra en ellas. La profundidad a la cual comienza esta zona depende principalmente de la turbiedad de las aguas. En aguas oceánicas la zona afótica va aproximadamente desde los 200 a 4.000 m y la temperatura de 0-6 °C, dependiendo de las características del agua y profundidades.
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Mesopelagica

Se denomina zona mesopelágica a uno de los niveles en los que está dividido el océano según su profundidad. En oceanografía identifica a las aguas marinas situadas entre 200 y 1000 metros de profundidad, por debajo de la zona epipelagica y por encima de la batipelágica. Esta región se caracteriza por que penetra la luz solar.
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Zona Batial

Se denomina zona batial o zona batipelágica a uno de los niveles en los que está dividido el océano según su profundidad. En oceanografía, batial identifica a las aguas y fondos marinos situados entre 1.000 y 4.000 m de profundidad, comprendida por debajo de la zona mesopelagica y por encima de la zona abisopelágica o abisal. Esta región se caracteriza por una presión hidrostática elevada.
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Zona Abisal

Se denomina abisal o zona abisopelágica a uno de los niveles en los que está dividido el océano según su profundidad, está por debajo de la zona batipelágica y por encima de la hadopelagica y corresponde al espacio oceánico entre 3.000 y 6.000 metros de profundidad. Es una zona oscura donde la luz solar no llega.
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Zona Hadal
Se denomina hadal o zona hadopelágica a uno de los niveles en los que está dividido el océano según su profundidad. En oceanografía, la zona hadal identifica a las aguas y fondos marinos por debajo de la zona abisal y corresponde a las zonas más profundas del oceáno en las grandes fosas oceánicas situadas a más de 6.000 metros de profundidad. Esta región se caracteriza por un ambiente frío, presión hidrostática extremadamente elevada, escasez de nutrientes y ausencia total de luz.
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Los planetas se enfrían por una gran cantidad de diferentes razones.
Cuando la Tierra se formó, hace aproximadamente 4 mil millones de años atrás, se hizo relativamente grande y caliente. La Tierra también contiene elementos de calentamiento como los minerales radioactivos, de manera que su enfriamiento no ha sido tan rápido como el de otros planetas.
La Tierra ha tenido una larga y compleja historia de enfriamiento. El comprender su historia podría comenzar con el registro del tiempo geológico.

La Tierra se encuentra al borde de una nueva era glacial, que helará su superficie casi por completo, se afirma, con base en estudios científicos, en el libro “Calor glacial”, que presentará este martes en la capital española el periodista Luis Carlos Campos.
El autor, especializado en cambio climático, fundamenta su afirmación con investigaciones de miles de científicos, citas y antecedentes precisos.
No obstante, ello se contrapone a lo afirmado por el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), el organismo creado por la Organización de las Naciones Unidas con la participación de 2.500 científicos de 131 países, que se reúne desde este lunes y por cinco días en París.
El IPCC sostiene que el aumento del dióxido de carbono (CO2), originado por el consumo exagerado de combustibles fósiles, está recalentando la Tierra y que, entre otras cosas, eso lleva al deshielo en los polos, lo que ocasionaría un alza del nivel del mar y con ello la inundación de grandes superficies costeras.
Campos, por el contrario, afirma que la etapa interglacial actual, que ya lleva 11.500 años de existencia, está en su fase final y que la sucedería una nueva glaciación.
Al respecto cita a Nigel Calder, ex editor de la revista New Scientist, quien dijo que “la amenaza de una nueva era glacial debe ser ahora, junto con la guerra nuclear, la fuente más probable de muerte global y miseria para la humanidad”.
En esa línea también recoge al respecto las opiniones de Fred Hoyle (1915-2001), el astrofísico británico que detractó y llamó irónicamente “Big Bang (gran explosión)” al modelo dentro de la teoría de la relatividad general que describe el desarrollo del Universo temprano y su forma, y de su compañero el astrónomo Chandra Wickramsinghe, de la galesa universidad de Cardiff.

• LOS MOVIMIENTOS QUE REALIZA LA TIERRA
Nuestro planeta es una esfera en movimiento.
La tierra se encuentra sometida a tres movimientos principales:
• Un movimiento de rotación sobre su eje, que realiza en un periodo de casi 24 horas (un día).
• Un movimiento de traslación alrededor del sol, que realiza en un periodo aproximado de 365 días (un año).
• El movimiento solar que realiza con los demás astros integrantes del sistema solar siguiendo al sol en su traslación es en tordo al centro de la vía láctea.
1.4.1. MOVIMIENTO DE ROTACIÓN
La tierra gira sobre si misma en torno a un eje cuyos extremos son los polos. Cada 24 horas, aproximadamente, la tierra completa una vuelta sobre su eje; este es el periodo que llamamos día.
La tierra realiza su movimiento de rotación de oeste a este, a una velocidad de unos 27 kilómetros por minuto en el ecuador.
Esta velocidad disminuye desde el ecuador hacia los polos.
1.4.2. LA ROTACIÓN TERRESTRE.
El tiempo exacto que rota la tierra es de 23 horas, 56 minutos y 4 segundos, se realiza en sentido contrario a las manecillas del reloj y determina la sucesión de los días y de las noches.
1.4.3. CONSECUENCIAS DE LA ROTACIÓN DE LA TIERRA
A. La sucesión de los días y las noches.
B. La forma achatada de la tierra.
C. Los puntos cardinales.
D. El movimiento aparente de la esfera terrestre.
E. La desviación de los cuerpos en su caída.
F. Los vientos y las corrientes marinas.
• MOVIMIENTO DE TRASLACIÓN
Al mismo tiempo que gira sobre si misma la tierra se mueve alrededor del sol. Este movimiento de traslación lo completa nuestro planeta cada 365 días, que contribuyen a un año.
La circunferencia que describe la tierra en su movimiento de traslación es llamada órbita. La órbita terrestre mide unos 930 millones de kilómetros y es recorrida por nuestro planeta a una velocidad de 207 kilómetros por segundo.
La órbita de la tierra, como las órbitas de todos los planetas no es una circunferencia perfecta, sino ligeramente elíptica. Debido a esto la distancia de la tierra al sol varia durante el año. Cuando la tierra esta más cerca del sol, en los primeros días de enero, la distancia entre ambos astros es de 5.000.000 de kilómetros menor que cuando se encuentran a la mayor distancia, a principios de julio.
Exactamente cada 365 días, 5 horas y 48 minutos.
1.5.1. LA INCLINACIÓN DEL EJE TERRESTRE.
El eje en torno al cual gira la tierra no se mantiene vertical al plano de la órbita terrestre o eclíptica, sino que presenta una inclinación de unos 23 grados y medio.
La inclinación del eje terrestre y el movimiento de traslación, combinados tienen distintas consecuencias que poseen importancia geográfica tales como:
• La distribución desigual de la luz y el calor, recibidos por cada región de la tierra en el transcurso del año, lo que da lugar a las estaciones.
• La distinta duración del día y de la noche en las diferentes épocas del año.
Exactamente: 23 grados, 27 minutos y 30 segundos.
• POSICIONES RELATIVAS DE LA TIERRA Y EL SOL.
Si el eje terrestre no estuviera inclinado ligeramente hacia el sol, cada punto de la tierra recibiría igual cantidad de calor y luz solares durante todo el año.
Debido a la inclinación del eje terrestre los hemisferios norte y sur reciben mayor cantidad de luz y calor durante unos meses, y menor durante otros. Estas variaciones, en la cantidad de luz y calor que reciben las distintas partes de la tierra en el transcurso del año, dan lugar a las estaciones.
De marzo a septiembre el hemisferio norte se encuentra inclinado hacia el sol y recibe mas calor y luz que el hemisferio sur; de septiembre a marzo la situación cambia y es entonces que el hemisferio sur el que recibe mayor cantidad de calor y luz solar.
• LAS ESTACIONES
Los cambios que se producen en la temperatura y la duración del día según la época del año, dan lugar a las estaciones.
Las estaciones son cuatro: verano, otoño, invierno y primavera.
En la denominada zona tropical la temperatura es relativamente alta todo el año; pero en las zonas templadas los cambios en la temperatura y en la duración de los días y las noches son muy marcados durante las distintas estaciones.
Cuando el hemisferio norte se encuentra inclinado hacia el sol, de marzo a septiembre, tenemos primavera y el verano; cuando se encuentra alejado al sol, sobreviene el otoño y el invierno.
• LAS SOLSTICIOS Y LOS EQUINOCCIOS.
El 21 o 22 de junio, la tierra se encuentra en su posición de órbita, su eje se encuentra inclinado en un ángulo máximo de 30º hacia el sol. El hemisferio sur se encuentra mas alejado. Esta circunstancia se conoce como solsticios de verano, para el hemisferio norte. Seis meses mas tarde, 22 o 23 de diciembre, la tierra se encuentra en una posición equivalente, en un punto de su órbita diametralmente opuesto. En esta época, conocida como solsticios de invierno para el hemisferio norte, el eje presenta su inclinación máxima respecto al sol, aunque ahora es el hemisferio sur el que se encuentra inclinado hacia el. Y presenta el solsticio de verano.
La posición del círculo de iluminación en el solsticio de invierno hace que el día y la noche tengan distinta duración en casi todos los puntos del globo.
Resulta evidente que:
• La noche es más larga que el día en el hemisferio en que se inicia el invierno.
• El día es más largo que la noche en el hemisferio que entra en verano.
• La desigualdad entre el día y la noche aumenta a medida que nos alejamos del ecuador geográfico.
• En las latitudes simétricas, respecto al ecuador geográfico, las duraciones del día y de la noche son exactamente opuesta.
• Entre el círculo polar ártico y el polo norte, la noche dura 24 horas.
• Entre el círculo polar antártico y el polo sur, el día dura 24 horas.
• Solsticio de invierno, para el hemisferio norte.
1.8.1. LOS EQUINOCCIOS
A. Equinoccio de primavera el 20 o 21 de marzo.
B. Equinoccio de otoño del 22 o 23 de septiembre.
C. El circulo de iluminación pasa por los polos y coincide con los meridianos a medida que la tierra gira.
D. El día y la noche dura 12 horas en todas las latitudes.
E. Las condiciones reinantes en el hemisferio norte y el hemisferio sur son las mismas.
F. La salida del sol tiene lugar a las 6:00 A.M. y la puesta del sol a las 6:00 P.M. en todos los lugares del globo, exceptuando a los polos, donde existen condiciones especiales.
G. El sol sale por un punto situado exactamente al oeste con la excepción de los polos en donde el sol permanece sobre el horizonte todo el día pero con un movimiento en sentido contrario.
H. En el Ecuador el sol tiene al mediodía, una altura de 90º. La sombra de cualquier poste vertical, en este lugar, apunta directamente hacia el oeste desde las 6:00 A.M. hasta el mediodía y apunta directamente hacia el este, desde el mediodía hasta las 6:00 P.M.

Estructura de la tierra

La Tierra esta dividida en tres capas: la corteza, el manto y el núcleo. La corteza es la parte mas superficial del planeta y en ellas se distinguen la corteza continental y la oceánica. La continental tiene un grosor medio de 30 a 40 kilómetros y la oceánica tiene un espesor mucho menor, de entre 5 y 9 kilómetros. La segunda capa es el manto, que se extiende desde la corteza hasta llegar a unos 2.900 kilómetros de profundidad. Se cree que en la constitución de esta zona intervienen fundamentalmente las peridotitas, rocas compuestas de oxígeno, silicio, hierro y magnesio, entre otros elementos. Por último, se encuentra el núcleo que se extiende desde el manto hasta el centro del planeta a 6.371 Km. de profundidad, y esta compuesto fundamentalmente de hierro.

Las Capas de la Tierra:

Sobre la base de estas y de otras observaciones, los geofísicos han creado una sección transversal de la tierra. Los primeros estudios sismológicos discutidos anteriormente dieron como resultado definiciones de las composiciones de los bordes. Por ejemplo, imagine que hay aceite flotando en el agua. Hay dos materiales diferentes, así que hay un borde composicional entre los dos. Los estudios posteriores resaltaron los bordes mecánicos, que son definidos sobre la base de cómo actúan los materiales, no sobre la base de su composición. El agua y el aceite tienen las mismas propiedades mecánicas- ambos son líquidos. Por otro lado, el agua y el hielo tienen la misma composición, pero el agua es un fluído con propiedades mecánicas muy diferentes que el hielo.

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